Cómo mejorar nuestro carácter

Rosa Rabbani (Irán, 1971) es doctora en Psicología Social y terapeuta familiar. En 2021 publicó el libro El buen carácter (Plataforma Editorial), el cual ofrece las claves para sacarle partido a nuestra forma de ser.

Bienestar 03/05/2024 Lic. María Eugenia Piaggio

Entrevistamos a Rosa Rabbani para descubrir una nueva y valiosa perspectiva sobre la importancia de desarrollar un buen carácter y cómo esto influye en todos los aspectos de nuestra vida y en la sociedad en general.

¿Cómo definís el carácter y cuál crees que es su importancia en la vida diaria?

El carácter es la combinación de nuestras cualidades y defectos, moldeados por nuestras experiencias y educación. Desde el nacimiento, todos los seres humanos poseemos estas cualidades en potencia, pero es a través de nuestras vivencias y educación que algunas se desarrollan mientras que otras permanecen latentes, esperando ser trabajadas. Es importante porque el carácter condiciona nuestras acciones y decisiones en la vida diaria. Algunas cualidades se desarrollan naturalmente, mientras que otras requieren trabajo y esfuerzo para potenciarlas.

¿Cómo nos damos cuenta cuáles son nuestras virtudes y los rasgos que debemos pulir?

En la edad adulta es a través de la reflexión personal. Pensar quién soy, cómo soy y en qué tipo de persona quiero convertirme. Las respuestas a esas preguntas son un poco una guía. Pero lo cierto es que las personas que nos rodean también influyen mucho porque nos dan pistas. En realidad, los seres humanos no tenemos la capacidad de reflexionar sobre nosotros mismos y saber cómo somos. Si viviéramos solos en una isla desierta no podríamos desarrollar una identidad. ¿Por qué? Porque desde temprana edad, nuestras interacciones con otras personas nos influencian y moldean nuestra percepción de nosotros mismos.

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El yin y yang del carácter

¿Es más fácil reconocer las virtudes o los defectos?

Con frecuencia le pregunto a mis pacientes cuáles son sus virtudes y hay muchas personas que se quedan totalmente bloqueadas, que no me saben decir ni una sola característica, ni una sola cualidad que crean que forma parte de ellos. Nos falta reflexión sobre nosotros mismos, sobre quiénes somos, cómo somos, en qué tipo de persona queremos convertirnos, cuáles queremos que sean las banderas de nuestro carácter y de nuestra forma de ser. Y para descubrir eso, para identificarlo, la reflexión es importantísima.

¿Y qué pasa cuando le preguntas a tus pacientes si identifican sus rasgos negativos?

A la gran mayoría de la gente le cuesta menos identificar los defectos que identificar las virtudes. Y es triste porque todos tenemos más virtudes que defectos. 

¿Las otras personas ven más lo positivo o lo negativo?

En la misma línea, tendemos a enfocarnos primero en lo negativo que en lo positivo. Un ejemplo clásico en psicología ilustra esto: se reúne a un grupo de personas en una sala y entra una persona bien vestida, que presenta un tema interesante de manera impecable, pero tiene un dedo del pie torcido. Al finalizar su exposición, se les pregunta a los presentes qué fue lo que más les llamó la atención. Sorprendentemente, más del 80 % señala el detalle del dedo del pie como lo más destacado. Posteriormente, en entrevistas, una parte significativa del restante 20 % admite que también notaron el detalle del dedo, pero lo omitieron por considerarlo políticamente incorrecto. Esta dinámica refleja una realidad en la que la atención se centra en lo negativo.

El factor clave: el autoconocimiento

Para Rosa Rabbani es importante que desde pequeños seamos capaces de ver lo importante que es nuestro carácter y hacer esfuerzos diariamente por conocernos. 

¿Cómo se hace el hábito de reflexionar sobre nosotros mismos?

Desarrollar el hábito de reflexionar sobre nosotros mismos implica comprender dos variables fundamentales: el nivel de conciencia y el nivel de habilidad. Este proceso de transformación del carácter puede dividirse en cuatro etapas distintas.

En primer lugar, nos encontramos en la fase de ignorancia, donde carecemos de conciencia sobre un defecto específico y, por lo tanto, no tenemos la habilidad para abordarlo. Por ejemplo, puede ser la dificultad para mantener la perseverancia en nuestras actividades diarias.

La segunda etapa emerge cuando comenzamos a ser conscientes de nuestro problema, pero aún carecemos de las habilidades necesarias para superarlo. Esta transición suele acompañarse de una crisis, ya que el dolor que experimentamos nos lleva a reconocer la necesidad de cambio. Es el momento en que despertamos a la conciencia, aunque todavía nos falten habilidades para abordarla adecuadamente.

En el tercer estadio, iniciamos un proceso de ensayo y error. Similar a fortalecer un músculo, nos embarcamos en acciones reflexivas, evaluando qué hicimos bien o mal, cómo podríamos haber actuado de manera diferente y qué aprendizajes podemos extraer de cada experiencia. Esta reflexión continua nos permite incorporar nuevos conocimientos y mejorar nuestras acciones en el futuro, formando así una serie de prácticas de entrenamiento para cultivar la virtud del carácter.

Finalmente, alcanzamos la cuarta etapa, donde la habilidad se ha internalizado. En este punto, la virtud se ha convertido en una parte intrínseca de nuestro carácter, demostrando un crecimiento significativo en nuestra capacidad de autorreflexión y automejora.

El carácter es influenciable

¿Cómo afectan los psicofármacos en este tema?

Los psicofármacos evidentemente influyen en el desarrollo del carácter. Si uno detecta que está deprimido, primero trata de solucionarlo con sus recursos, pero si persiste va al médico. Hay situaciones en la que los fármacos son necesarios, para eso están. Pero probablemente, en algunos casos, si nos focalizáramos en trabajar más la alegría de vivir, el sentido de la gratitud o el afán de superación (todos estos son rasgos del carácter) se podría sustituir la medicación. Pero aún en las situaciones en las que no se puede prescindir de la psicofarmacología, hay que acompañar el proceso con un trabajo interior focalizado en desarrollar las cualidades que en ese momento nos está generando el problema.

¿Hay relación entre el carácter y las adicciones?

Yo, de forma específica, no conozco estudios que se hayan hecho cuyos resultados sean contundentes.

A mí, como profesional que ha trabajado muchas veces con gente con varias adicciones, intuyo que sí. Hay algunos rasgos o defectos del carácter que se repiten en muchos casos, como la falta de fortaleza del carácter, la impulsividad y la falta de reflexividad. Eso tal vez puede tener que ver con el fenómeno de las adicciones. Pero todo esto es una intuición mía.

¿Cómo creés que el carácter influye en la práctica de la anestesiología y en la relación médico-paciente?

La compasión y el desapego son rasgos fundamentales para la práctica médica, especialmente cuando acompañamos a pacientes en su momento de mayor vulnerabilidad. Estos rasgos no solo protegen al médico, sino que también facilitan la relación con el paciente.

Si se abrazan las virtudes, además del individuo, ¿mejora la sociedad?

Visualiza qué bueno sería un mundo en el que la gente haya generado la cultura del carácter. Al final el desarrollo de las virtudes no es una cuestión individual porque la sociedad no está hecha de champiñones, sino de personas. Y si las personas tienen una mayor calidad humana porque han dedicado esfuerzo a trabajar su carácter, tendríamos otra sociedad distinta a la actual. 

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