Dos charlas, una misma pregunta: ¿de quién es la vida?

Los doctores Rosina Pace y Mario Sebastiani abrieron dos temas que la práctica clínica suele esquivar: hasta dónde llega la medicina y qué significa decidir sobre la propia vida.
07/09/2026 Lic. María Eugenia Piaggio
NOTAS REVISTA

En la misma semana, la AAARBA abrió sus puertas a dos encuentros que pusieron sobre la mesa temas que la medicina suele esquivar. La Subcomisión del Programa de Transición Profesional en Anestesiología organizó, el lunes 10 de agosto, la charla sobre bioética de la Dra. Rosina Pace, y el miércoles 12, la conferencia sobre eutanasia y fin de vida del Dr. Mario Sebastiani. Dos miradas, un mismo hilo: la autonomía de las personas frente a la muerte.

Pace abrió con lo básico y lo difícil: qué es la ética. La definió como el estudio sistemático de la moral, una disciplina práctica e interdisciplinaria que exige salir del propio consultorio. Advirtió contra dos extremos igual de estériles —el dogmatismo, que se aferra a principios inamovibles, y el escepticismo, para el que todo da lo mismo— y reivindicó el terreno del medio: la deliberación, el diálogo y la reflexión compartida.

Buena parte de su exposición giró en torno a los comités de bioética: cómo se integran (no solo con médicos, también con filósofos, abogados, antropólogos y la comunidad), qué independencia de criterio necesitan y cuáles son sus tres funciones: educar, asesorar sobre casos concretos y opinar sobre grandes temas de política sanitaria. Recordó que sus recomendaciones no son vinculantes, pero que la Justicia argentina aprendió a respetarlas.

El corazón de su charla fue una idea sencilla y potente: los hechos clínicos nunca son asépticos, siempre están cargados de valores. Detrás de cada paciente hay una biografía, no solo una biología. Mostró, además, cómo la propia medicina moderna fabricó muchos de estos dilemas: la muerte encefálica, los estados vegetativos permanentes o la vida sostenida por la terapia intensiva son consecuencia de lo que hacemos, no del azar. Sobre esa base repasó el consentimiento informado, la autonomía progresiva en pediatría, la objeción de conciencia, los cuidados paliativos —a los que hoy accede apenas entre el 5 y el 10% de quienes mueren— y las directivas anticipadas como un instrumento que protege tanto a los profesionales como a las familias.

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Dr. Miguel Ángel Fernandez Vigil y Dra. Rosina Pace.

Dos días después, el Dr. Mario Sebastiani subió la apuesta. Provocador y autoirónico, planteó que el verbo más potente es «elegir» y que la discusión sobre el fin de la vida es, ante todo, una discusión sobre la libertad, la autodeterminación y la vida privada. Fue explícito con su posición: trabaja para que Argentina tenga una ley de muerte médicamente asistida y lo declaró como un conflicto de interés asumido.

Recorrió la historia de la eutanasia y sus fronteras —distanasia, obstinación terapéutica, futilidad, sedación—, mostró encuestas que ubican el apoyo social en torno al 70 y 77%, incluso entre creyentes, y repasó una por una las objeciones religiosas. Incluso se permitió imaginar una muerte desmedicalizada, por fuera del acto médico. Su tesis, repetida como estribillo: hoy ayudar a morir puede costar una condena por homicidio, y de lo que se trata es de transformar ese «asesinato» en un derecho, bajo protocolo y con todos los resguardos.

Ahí fue donde el clima cambió. La charla de Sebastiani terminó con un debate fuerte: algunos socios manifestaron posturas distintas a las del disertante y hubo un buen intercambio de opiniones. El propio Sebastiani lo tomó con apertura. «Hay que confiar en la libertad de las personas», dijo, y aclaró un dato que no había mencionado durante la exposición: en los países con ley, de cada cien muertes solo unas tres ocurren por estas vías. Lejos de incomodarse, celebró la discrepancia: esos comentarios, señaló, lo hacen crecer y emprolijan su discurso para cuando toque discutir en el Parlamento.

Las disertantes también dejaron su balance. Pace destacó un público «muy interesado» y celebró que todas las preguntas fueran desafiantes. Sebastiani, fiel a su estilo, prefirió el desacuerdo al elogio.

Dos charlas, una misma pregunta de fondo: ¿de quién es la vida?

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Dr. Mario Sebastiani y Dr. Carlos Bollini
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