
“Sostener nuestra vocación con conciencia, compasión y corazón”

Buenas noches a todos.
Es un honor poder compartirles unas palabras en este momento tan especial. No por el hecho de ser yo, quien esté hablando -eso es algo anecdótico- sino por haber llegado juntos a este objetivo que nos propusimos hace ya, cuatro años.
Cuando comenzamos ese camino llegamos con expectativas, entusiasmo y también con incertidumbre. Sabíamos que elegíamos una especialidad exigente, pero probablemente todavía no comprendíamos del todo lo que significaba convertirse en anestesiólogos. Con el tiempo entendimos que nuestra tarea va mucho más allá de la técnica o de un procedimiento. Aprendimos a trabajar en silencio, muchas veces detrás de escena pero sosteniendo momentos críticos de la vida de las personas. Aprendimos que la precisión salva, que la calma transmite seguridad y que la responsabilidad de cuidar a otros seres humanos nunca deja de sentirse enorme.
Hoy culminamos una etapa donde se nos desafió permanentemente para estar a la altura de las circunstancias. Fueron años intensos. Horas de estudio, tardes en los simuladores, noches de guardia, nervios antes de entrar al quirófano y decisiones que nos hicieron crecer rápidamente. Pero también fueron años de compañerismo, de aprendizaje compartido y de apoyo mutuo.
En estos cuatro años, aprendimos que alcanzar la excelencia en la anestesiología no implica solamente incorporar conocimientos técnicos, sino también aprender a ejercer nuestra profesión con ética, empatía, solidaridad y humanidad; con respeto hacia nuestros pacientes y hacia cada integrante del equipo quirúrgico.
Quiero agradecer profundamente a la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires por la excelencia académica que nos brindó durante estos años y por habernos guiado en nuestra proyección profesional y también personal. Gracias por cuidarnos, gracias por formar especialistas comprometidos y por trabajar todos los días para garantizar la atención de calidad en los hospitales de nuestra comunidad. Queda en nosotros llevar adelante los valores que nos transmitieron con dedicación y la responsabilidad que merece. También quiero agradecer a nuestros docentes, instructores, médicos planta, internos de guardia y residentes superiores, a quienes hoy felizmente podemos llamar colegas. A todos ellos gracias por transmitirnos sus conocimientos, por la exigencia, por la paciencia y también por su humildad. Muchos de los aprendizajes más importantes no los aprendimos solamente en los libros, sino con su ejemplo, su dedicación cotidiana y observando su manera de ejercer la profesión. Estoy segura de que cada uno de ustedes dejó una impronta en nosotros y nos han inspirado a ser mejores profesionales.
Y a mis compañeros: gracias. Gracias por compartir el recorrido con compañerismo y generosidad. Haber transitado esta etapa junto a ustedes fue una de las mejores partes del camino. No quiero terminar sin dejar de agradecer a nuestras familias y amigos porque fueron, son y serán nuestro sostén más importante. Ellos estuvieron presentes en los momentos de agotamiento, entendieron ausencias, horarios imposibles y preocupaciones silenciosas. Este logro también es de ustedes.
Ojalá nunca perdamos la sensibilidad, la humildad y el compromiso con nuestros pacientes. Nunca olvidemos que detrás de cada cirugía y de cada monitor hay una persona confiando en nosotros en uno de los momentos más vulnerables de su vida, y que podamos sostener nuestra vocación con conciencia, compasión y corazón.
A mi papá, Héctor, y a mi mamá, Sandra, esto es por y para ustedes. Felicitaciones Promoción 61.
Muchas gracias.



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