
Los seres humanos tenemos gustos, modalidades y maneras de pensar diferentes. Pero aun en esa diversidad, el deseo humano suele organizarse alrededor de ciertos principios.
Nuestra autoridad, entendida como la experiencia y el conocimiento en nuestra especialidad, es indiscutible dentro de la comunidad médica: somos considerados referentes.
Necesitamos conexión: a través del vínculo con colegas, con pacientes y con quienes se forman junto a nosotros.
Valoramos el reconocimiento: queremos que nuestro trabajo sea visto y respetado.
Priorizamos la seguridad: nuestra misión es reducir el riesgo de los pacientes y anticiparnos a lo incierto.
Y nos mueve el progreso: entrenar, aprender, mejorar y crecer dentro de la especialidad.
Nada de esto es accesorio, porque todo junto construye lo que somos.
En la práctica cotidiana solemos pensar que nuestras decisiones son racionales, técnicas y basadas en evidencia. Y lo son; pero hay algo más.
Mientras estudiamos, formamos residentes, escribimos protocolos, realizamos prácticas y cuidamos cada detalle minuciosamente , aparece una pregunta incómoda; una dimensión que puede desplazarse sin que lo notemos: la del otro.
¿Estamos viendo realmente a quienes tenemos al lado?
Al que está, pero cada vez menos presente.
Al colega que deja de participar.
Al que se aleja en silencio.
¿Qué nos pasa como comunidad cuando eso ocurre?
Ahí aparece el punto ciego. No estamos acostumbrados a convivir con la imperfección o la vulnerabilidad. Como si nuestra vida tuviera que funcionar con precisión absoluta, sin errores y con respuestas capaces de satisfacer a todos.
Por eso proponemos empezar a pensar en un nuevo desafío: crecer mirando.
No perdamos de vista quién está. Y también quién ya no está como antes.
Estamos entrenados para ver lo que otros no ven. Para anticiparnos. Para detectar lo sutil antes de que se vuelva crítico. Estas habilidades definen nuestra especialidad.
Por eso, en la AAARBA construimos actividades, espacios de formación y encuentros. Nos organizamos, avanzamos y crecemos.
Hemos recorrido un largo y fructífero camino, pero no debemos naturalizar los logros que tanto esfuerzo nos costó alcanzar.
Porque una comunidad se mide tanto por lo que logra como por lo que es capaz de cuidar.
Dr. Claudio Tartaglia Pulcini


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