
Los anestesiólogos solemos pensar nuestro trabajo cotidiano desde su dimensión técnica, en la que la precisión y la toma de decisiones ocupan un lugar central. Sin embargo, la vida profesional también se construye a partir de los vínculos.
El hospital no es solo un espacio de práctica médica: es también un territorio de encuentros. Es en ese compartir donde se revela el costado humano de nuestra comunidad.
¿Podemos vincular sustantivos abstractos —como afecto, amor, empatía y alegría— con nuestro trabajo cotidiano?
La respuesta es sí.
Porque todos sabemos que la práctica anestésica se sostiene en la técnica, el entrenamiento, el control y la vigilancia permanente, pero también se nutre de la empatía, del compañerismo y del cuidado genuino por el otro.
Es en esa combinación de precisión científica y sensibilidad humana, donde reside el verdadero corazón de nuestra especialidad.
Dra. Marina Moreira


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