“Ningún médico que haya atravesado una demanda es el mismo que antes”

El expediente puede cerrarse. Las consecuencias, muchas veces, no.
Notas06/07/2026 C. Salgueiro, G. Rocha, C. Sabino y C. Cannizzaro
peritos
Imagen ilustrativa.

Un anestesiólogo que enfrentó un proceso judicial penal relata cómo se vive una causa desde adentro: la incertidumbre, el miedo, los cambios en la práctica profesional y el desafío de seguir trabajando mientras la propia conducta médica es examinada por otros.

Hemos decidido resguardar el nombre del entrevistado para preservar su privacidad y centrarnos plenamente en esta experiencia tan sensible como poco visibilizada.

Esta entrevista no busca reconstruir un caso particular ni revisar responsabilidades. Busca poner en palabras una experiencia que muchos médicos atraviesan en silencio: qué ocurre cuando, después de un acto médico, la justicia comienza a ocupar un lugar inesperado en la vida profesional, personal y emocional.

Al conjunto de alteraciones físicas, psíquicas, morales y profesionales que puede atravesar un médico sometido a un proceso legal se lo conoce como Síndrome Clínico Judicial (SCJ). Muchas veces, incluso cuando la causa concluye sin condena, la experiencia deja huellas profundas. A pesar de su prevalencia, el SCJ continúa siendo una condición subdiagnosticada y escasamente reconocida.

Hablar del Síndrome Clínico Judicial no es alimentar el miedo ni victimizar al médico. Es reconocer una realidad que existe y que muchas veces se atraviesa en silencio. 

¿Cómo te enteraste de que existía una causa judicial vinculada a tu  actuación profesional? 

Me enteré tiempo después del evento. Recuerdo que la noticia me produjo un  impacto enorme. Hasta ese momento estaba concentrado en entender qué había  pasado con el paciente y en revisar una y otra vez cada decisión que había tomado.  Cuando apareció la instancia judicial sentí que la situación dejaba de estar  solamente en el plano asistencial y pasaba a ocupar todos los aspectos de mi vida. 

¿Qué pasa con un anestesiólogo cuando al estrés habitual de la profesión se le suma la incertidumbre de una  causa judicial? 

Es muy difícil explicarlo a alguien que no lo vivió. Nosotros trabajamos  habitualmente con niveles altos de responsabilidad y estrés, pero esto es diferente.  Aparece una duda permanente sobre uno mismo. Empezás a cuestionar decisiones que durante años tomaste con seguridad. Yo había tardado mucho tiempo en  construir confianza profesional y esta situación me hizo retroceder emocionalmente  muchos años. 

¿Cómo fue atravesar el proceso judicial mientras continuabas ejerciendo la profesión? 

Al principio fue muy difícil. De hecho, durante un tiempo estuve alejado de la  actividad por una lesión física que sufrí en ese período. Paradójicamente, ese  tiempo de recuperación me permitió no tener que volver inmediatamente al quirófano cuando todavía estaba muy afectado emocionalmente. Cuando regresé a  trabajar sentía miedo. Miedo de equivocarme, miedo de enfrentar nuevamente una  situación parecida. 

¿Cuánto tiempo duró el proceso desde la notificación hasta su  resolución? 

Fueron varios años. Honestamente, en algunos momentos perdí la noción exacta de los tiempos porque la causa pasó por distintas instancias. Lo que sí puedo decir  es que la incertidumbre se sostuvo durante mucho tiempo y eso fue una carga  constante. 

¿Cuál fue el momento más difícil de todo ese recorrido? 

El momento más difícil fue sentir que podía perder a un paciente y convivir después  con esa experiencia. La sensación de impotencia fue devastadora. 

¿De qué manera impactó esta situación en tu vida personal y  familiar? 

Afectó todos los aspectos de mi vida. Era difícil desconectarme del tema, motivo por el cual dormía mal, estaba irritable y me aislaba  Mi  familia veía que yo estaba distinto. 

¿Cómo afectó tu bienestar emocional? 

Fue una experiencia que me desestabilizó psíquica,  física y emocionalmente; y habia dias en los que llegué a sentirme completamente desbordado

¿Hubo aspectos de tu vida que decidiste postergar o abandonar durante ese período? 

Sí. Dejé de lado proyectos personales y profesionales porque no tenía energía para  sostenerlos. Mi prioridad era simplemente atravesar el día. En ese tiempo, perdí la  capacidad de planificar a largo plazo. 

¿Cómo influyó esta experiencia en tu vínculo con la profesión? 

La modificó. Siempre amé la anestesiología, pero hubo momentos  en los que ir a trabajar se parecía más a enfrentar un castigo que a ejercer una  vocación. Con el tiempo recuperé el placer por lo que hago, pero la relación con la  profesión ya no volvió a ser exactamente la misma. 

¿Llegaste a cuestionarte tu continuidad en la anestesiología o en la  medicina? 

Sí. Lo pensé seriamente. Hubo momentos en los que me dije a mí mismo: “No sirvo  para esto”, “debería dejar la medicina”. Nunca antes había tenido pensamientos así.  Sentía que todo lo que había construido profesionalmente se derrumbaba. 

¿De qué manera cambió tu forma de trabajar después de esta  experiencia? 

Siempre fui prudente, pero ahora esa  prudencia se transformó en una necesidad constante de control. 

¿Cómo era tu relación con los pacientes mientras la causa estaba en  curso?

Siempre intenté mantener el mismo trato humano y profesional. Sin embargo,  internamente yo estaba mucho más alerta y temeroso. Había perdido cierta  tranquilidad que antes consideraba natural en mi práctica cotidiana. 

¿Cómo reaccionaron tus colegas al enterarse de la situación y qué  acompañamiento recibiste de ellos? 

Recibí mucho apoyo. Colegas con los que incluso hacía tiempo que no hablaba se  acercaron para acompañarme. Sentí una solidaridad enorme por parte de muchos  profesionales. Ese respaldo fue fundamental para atravesar el proceso. 

¿Cómo fue la respuesta de las instituciones en las que trabajabas? 

Tuve acompañamiento institucional y acceso a asesoramiento especializado. Sentí  que no estaba completamente solo frente a la situación, algo que fue muy importante en momentos de tanta incertidumbre. 

¿Qué papel tuvo el asesoramiento médico-legal durante el proceso? 

Fue esencial. Me ayudó a comprender aspectos técnicos y procesales que desconocía. Contar con profesionales  experimentados fue un sostén muy importante. 

¿Qué lugar ocuparon los profesionales de la salud mental en ese  recorrido? 

Un lugar central. Recuerdo que uno de los profesionales que me evaluó fue muy  claro al decirme que necesitaba tratamiento porque no estaba bien. En ese  momento me costó aceptarlo, pero tenía razón. Sin ese acompañamiento  probablemente hubiera sido mucho más difícil recuperarme.

¿Quiénes fueron las personas más importantes para ayudarte a  atravesar la situación? 

Mi familia, mis amigos cercanos, algunos colegas y los profesionales que me  acompañaron desde lo médico-legal y desde la salud mental. Todos ellos me  sostuvieron cuando yo ya no podía sostenerme a mí mismo. 

¿Cómo fue el momento en que se resolvió la causa? 

No fue el alivio absoluto que imaginaba. Sentí tranquilidad porque una etapa  terminaba, pero también descubrí que algunas heridas seguían ahí. La resolución cerró el expediente, pero no borró todo lo vivido. 

¿Qué huellas y aprendizajes te dejó haber atravesado este proceso? 

Aprendí que ningún médico está preparado para atravesar una situación así.  También entendí la importancia de pedir ayuda y de no transitar estos procesos en  soledad. Aprendí que detrás de cada expediente hay una persona que también  sufre. 

¿La resolución te devolvió algo de lo que sentiste que perdiste, o el  daño ya estaba hecho? 

Me devolvió cierta tranquilidad, pero no todo. Hay cosas que no vuelven a ser  iguales. Recuperé la posibilidad de trabajar con mayor serenidad, pero la  experiencia dejó marcas. Creo que el daño emocional ya estaba hecho mucho antes  de que llegara la resolución. 

¿Qué le dirías hoy a un colega que está enfrentando una situación  similar? 

Le diría que no se aísle, que busque ayuda profesional, asesoramiento médico legal y apoyo emocional. Que no confunda una causa judicial con el valor de toda una carrera. Y que entienda que lo que está sintiendo es más frecuente de lo que  parece. 

Después de todo lo vivido, ¿cómo describirías al médico que sos hoy? 

Soy un médico más consciente de mi propia vulnerabilidad. Trabajo con el mismo compromiso de  siempre, pero con una mirada diferente. Estoy convencido de que ningún médico que haya atravesado una demanda vuelve a ser exactamente el mismo que era  antes.

-

Una demanda no afecta solamente la matrícula, el patrimonio o la reputación profesional. También toca la identidad médica, la confianza, la forma de trabajar y la relación con los pacientes. Por eso, escuchar estos testimonios importa. Porque detrás de cada expediente también hay un profesional que intenta seguir cuidando, mientras aprende a convivir con la incertidumbre de ser juzgado.

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Nota escrita por los Dres. Carlos Salgueiro, Gastón Rocha, Claudio Sabino y María Constanza Cannizzaro.

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