
“Ningún médico que haya atravesado una demanda es el mismo que antes”

Un anestesiólogo que enfrentó un proceso judicial penal relata cómo se vive una causa desde adentro: la incertidumbre, el miedo, los cambios en la práctica profesional y el desafío de seguir trabajando mientras la propia conducta médica es examinada por otros.
Hemos decidido resguardar el nombre del entrevistado para preservar su privacidad y centrarnos plenamente en esta experiencia tan sensible como poco visibilizada.
Esta entrevista no busca reconstruir un caso particular ni revisar responsabilidades. Busca poner en palabras una experiencia que muchos médicos atraviesan en silencio: qué ocurre cuando, después de un acto médico, la justicia comienza a ocupar un lugar inesperado en la vida profesional, personal y emocional.
Al conjunto de alteraciones físicas, psíquicas, morales y profesionales que puede atravesar un médico sometido a un proceso legal se lo conoce como Síndrome Clínico Judicial (SCJ). Muchas veces, incluso cuando la causa concluye sin condena, la experiencia deja huellas profundas. A pesar de su prevalencia, el SCJ continúa siendo una condición subdiagnosticada y escasamente reconocida.
Hablar del Síndrome Clínico Judicial no es alimentar el miedo ni victimizar al médico. Es reconocer una realidad que existe y que muchas veces se atraviesa en silencio.
¿Cómo te enteraste de que existía una causa judicial vinculada a tu actuación profesional?
Me enteré tiempo después del evento. Recuerdo que la noticia me produjo un impacto enorme. Hasta ese momento estaba concentrado en entender qué había pasado con el paciente y en revisar una y otra vez cada decisión que había tomado. Cuando apareció la instancia judicial sentí que la situación dejaba de estar solamente en el plano asistencial y pasaba a ocupar todos los aspectos de mi vida.
¿Qué pasa con un anestesiólogo cuando al estrés habitual de la profesión se le suma la incertidumbre de una causa judicial?
Es muy difícil explicarlo a alguien que no lo vivió. Nosotros trabajamos habitualmente con niveles altos de responsabilidad y estrés, pero esto es diferente. Aparece una duda permanente sobre uno mismo. Empezás a cuestionar decisiones que durante años tomaste con seguridad. Yo había tardado mucho tiempo en construir confianza profesional y esta situación me hizo retroceder emocionalmente muchos años.
¿Cómo fue atravesar el proceso judicial mientras continuabas ejerciendo la profesión?
Al principio fue muy difícil. De hecho, durante un tiempo estuve alejado de la actividad por una lesión física que sufrí en ese período. Paradójicamente, ese tiempo de recuperación me permitió no tener que volver inmediatamente al quirófano cuando todavía estaba muy afectado emocionalmente. Cuando regresé a trabajar sentía miedo. Miedo de equivocarme, miedo de enfrentar nuevamente una situación parecida.
¿Cuánto tiempo duró el proceso desde la notificación hasta su resolución?
Fueron varios años. Honestamente, en algunos momentos perdí la noción exacta de los tiempos porque la causa pasó por distintas instancias. Lo que sí puedo decir es que la incertidumbre se sostuvo durante mucho tiempo y eso fue una carga constante.
¿Cuál fue el momento más difícil de todo ese recorrido?
El momento más difícil fue sentir que podía perder a un paciente y convivir después con esa experiencia. La sensación de impotencia fue devastadora.
¿De qué manera impactó esta situación en tu vida personal y familiar?
Afectó todos los aspectos de mi vida. Era difícil desconectarme del tema, motivo por el cual dormía mal, estaba irritable y me aislaba Mi familia veía que yo estaba distinto.
¿Cómo afectó tu bienestar emocional?
Fue una experiencia que me desestabilizó psíquica, física y emocionalmente; y habia dias en los que llegué a sentirme completamente desbordado
¿Hubo aspectos de tu vida que decidiste postergar o abandonar durante ese período?
Sí. Dejé de lado proyectos personales y profesionales porque no tenía energía para sostenerlos. Mi prioridad era simplemente atravesar el día. En ese tiempo, perdí la capacidad de planificar a largo plazo.
¿Cómo influyó esta experiencia en tu vínculo con la profesión?
La modificó. Siempre amé la anestesiología, pero hubo momentos en los que ir a trabajar se parecía más a enfrentar un castigo que a ejercer una vocación. Con el tiempo recuperé el placer por lo que hago, pero la relación con la profesión ya no volvió a ser exactamente la misma.
¿Llegaste a cuestionarte tu continuidad en la anestesiología o en la medicina?
Sí. Lo pensé seriamente. Hubo momentos en los que me dije a mí mismo: “No sirvo para esto”, “debería dejar la medicina”. Nunca antes había tenido pensamientos así. Sentía que todo lo que había construido profesionalmente se derrumbaba.
¿De qué manera cambió tu forma de trabajar después de esta experiencia?
Siempre fui prudente, pero ahora esa prudencia se transformó en una necesidad constante de control.
¿Cómo era tu relación con los pacientes mientras la causa estaba en curso?
Siempre intenté mantener el mismo trato humano y profesional. Sin embargo, internamente yo estaba mucho más alerta y temeroso. Había perdido cierta tranquilidad que antes consideraba natural en mi práctica cotidiana.
¿Cómo reaccionaron tus colegas al enterarse de la situación y qué acompañamiento recibiste de ellos?
Recibí mucho apoyo. Colegas con los que incluso hacía tiempo que no hablaba se acercaron para acompañarme. Sentí una solidaridad enorme por parte de muchos profesionales. Ese respaldo fue fundamental para atravesar el proceso.
¿Cómo fue la respuesta de las instituciones en las que trabajabas?
Tuve acompañamiento institucional y acceso a asesoramiento especializado. Sentí que no estaba completamente solo frente a la situación, algo que fue muy importante en momentos de tanta incertidumbre.
¿Qué papel tuvo el asesoramiento médico-legal durante el proceso?
Fue esencial. Me ayudó a comprender aspectos técnicos y procesales que desconocía. Contar con profesionales experimentados fue un sostén muy importante.
¿Qué lugar ocuparon los profesionales de la salud mental en ese recorrido?
Un lugar central. Recuerdo que uno de los profesionales que me evaluó fue muy claro al decirme que necesitaba tratamiento porque no estaba bien. En ese momento me costó aceptarlo, pero tenía razón. Sin ese acompañamiento probablemente hubiera sido mucho más difícil recuperarme.
¿Quiénes fueron las personas más importantes para ayudarte a atravesar la situación?
Mi familia, mis amigos cercanos, algunos colegas y los profesionales que me acompañaron desde lo médico-legal y desde la salud mental. Todos ellos me sostuvieron cuando yo ya no podía sostenerme a mí mismo.
¿Cómo fue el momento en que se resolvió la causa?
No fue el alivio absoluto que imaginaba. Sentí tranquilidad porque una etapa terminaba, pero también descubrí que algunas heridas seguían ahí. La resolución cerró el expediente, pero no borró todo lo vivido.
¿Qué huellas y aprendizajes te dejó haber atravesado este proceso?
Aprendí que ningún médico está preparado para atravesar una situación así. También entendí la importancia de pedir ayuda y de no transitar estos procesos en soledad. Aprendí que detrás de cada expediente hay una persona que también sufre.
¿La resolución te devolvió algo de lo que sentiste que perdiste, o el daño ya estaba hecho?
Me devolvió cierta tranquilidad, pero no todo. Hay cosas que no vuelven a ser iguales. Recuperé la posibilidad de trabajar con mayor serenidad, pero la experiencia dejó marcas. Creo que el daño emocional ya estaba hecho mucho antes de que llegara la resolución.
¿Qué le dirías hoy a un colega que está enfrentando una situación similar?
Le diría que no se aísle, que busque ayuda profesional, asesoramiento médico legal y apoyo emocional. Que no confunda una causa judicial con el valor de toda una carrera. Y que entienda que lo que está sintiendo es más frecuente de lo que parece.
Después de todo lo vivido, ¿cómo describirías al médico que sos hoy?
Soy un médico más consciente de mi propia vulnerabilidad. Trabajo con el mismo compromiso de siempre, pero con una mirada diferente. Estoy convencido de que ningún médico que haya atravesado una demanda vuelve a ser exactamente el mismo que era antes.
-
Una demanda no afecta solamente la matrícula, el patrimonio o la reputación profesional. También toca la identidad médica, la confianza, la forma de trabajar y la relación con los pacientes. Por eso, escuchar estos testimonios importa. Porque detrás de cada expediente también hay un profesional que intenta seguir cuidando, mientras aprende a convivir con la incertidumbre de ser juzgado.
-
Nota escrita por los Dres. Carlos Salgueiro, Gastón Rocha, Claudio Sabino y María Constanza Cannizzaro.




Ley Nicolás: implicancias y responsabilidades para el anestesiólogo

Reconstrucción facial de alta complejidad en el Hospital Iriarte de Quilmes





“Ningún médico que haya atravesado una demanda es el mismo que antes”

"Fui un valiente": la historia del Dr. Santiago Tártara, anestesiólogo que vivió 13 años con Hirschsprung



