
Ambos amarillos en el medio de la ruta

Recién empezábamos a trabajar en trasplante hepático y, para ir a buscar un órgano, solíamos viajar unas 5 o 6 personas: entre anestesiólogos, cirujanos e instrumentadoras. En una de esas oportunidades, un grupo partió avanzada la noche rumbo a Córdoba y aterrizó en el aeropuerto de Pajas Blancas alrededor de las 4 de la madrugada.
El INCUCAI local, normalmente, enviaba un vehículo para trasladar al equipo desde el aeropuerto hasta el hospital; pero esa vez apareció una camioneta pequeña, con chofer y acompañante, y espacio justo en la parte de atrás para tres personas y todo el material quirúrgico. Dos del equipo, claramente, quedaban afuera.
Después de deliberarlo brevemente, se decidió que la instrumentadora y un cirujano asistente —que cuidaban el instrumental— y el cirujano principal —que debía evaluar al donante— viajarían en la camioneta. Los otros dos, un anestesiólogo y otro cirujano, se quedaron sin transporte.
La gente local les sugirió tomar un taxi o, como algo extremo, esperar un colectivo que pasaba por la ruta y los dejaría cerca del hospital. Pero no había taxis a esa hora: el aeropuerto no está dentro de la ciudad y no se esperaban vuelos comerciales. Así que, sin dudarlo, se fueron a esperar el colectivo.
Vale aclarar que, en aquella época, usábamos un ambo amarillo espantoso, lo cual hizo aún más surrealista la escena: dos figuras vestidas de amarillo chillón, de madrugada, en el medio de la nada, haciendo señas al colectivo para ir al centro de Córdoba. El chofer, seguramente, pensó que eran enviados del Cerro Uritorco. Ellos mismos se reían de la cara del chofer y de los muy pocos pasajeros.
Ambos llegaron al hospital. Participaron de la ablación. El trasplante fue un éxito. Y, a la vuelta, al menos tuvieron transporte digno. Lo mejor: nunca se manifestaron enojados.
Esta historia, además de graciosa, refleja el compromiso de aquellos dos profesionales —que luego llegaron muy lejos en sus carreras— y también lo precario que era todo en esos comienzos. Pero el objetivo se cumplía, incluso si había que ir en bondi.



Ley Nicolás: implicancias y responsabilidades para el anestesiólogo

Reconstrucción facial de alta complejidad en el Hospital Iriarte de Quilmes



Navidad solidaria: la AAARBA llevó juguetes a hospitales pediátricos

El Museo de Anestesia de la AAARBA distinguió a los asociados que contribuyeron a su patrimonio








