Más allá del quirófano

El Dr. Bruno Rizzi tiene 34 años, es médico anestesiólogo, fue residente del CEMIC y hoy continúa trabajando en el mismo centro médico. En 2025 viajó a Oraifite, un pequeño pueblo de Nigeria para anestesiar a pacientes pediátricos con cardiopatías congénitas. En su tiempo libre, practica buceo y paracaidismo.
Notas08/06/2026 Lic. María Eugenia Piaggio
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Una llamada que cambió todo

¿Cómo surgió el viaje a Nigeria? 

Fue una sorpresa. Me llamó uno de los cirujanos cardiovasculares pediátricos con los que trabajo y me dijo que existía la posibilidad de sumarme en un viaje de la Fundación VOOM*. Siempre tuve ganas de hacer anestesia humanitaria. Enseguida dije que sí.

¿Qué sabías de Nigeria antes de ir? 

Que quedaba en África. Nada más. Después me metí en Internet y lo que encontré no era muy alentador: todos los avisos de viaje te desaconsejan ir. Eso generó un planteo importante en el equipo: estábamos yendo a un lugar que, en sí mismo, es peligroso. La fundación VOOM, creada por un nigeriano, nos transmitió mucha seguridad desde el principio. Cuando estuvimos allá contamos con un operativo muy complejo: vigilancia armada las 24 horas, dormíamos dentro del hospital y no podíamos salir. La seguridad era una prioridad absoluta y eso nos dio la tranquilidad para enfocarnos en el trabajo.

19 chicos. 80 en la lista

El trabajo en Nigeria puso a Bruno frente a decisiones que en Argentina son impensables.

¿En qué consistió el trabajo? 

Operamos a 19 chicos con cardiopatías congénitas en siete días. Nigeria tiene 170 millones de habitantes y toda la cirugía cardíaca pediátrica del país recae en esta fundación porque no hay profesionales capacitados para hacerla.

¿En qué condiciones llegaban los pacientes? 

Muy deteriorados. No tenían acceso a la salud, llegaban en estadios tardíos. Había cosas que uno lee en los libros y acá jamás ve. El problema más grave fue la sangre: solo había sangre entera, sin derivados, sin plasma. Llegó un momento en que faltaba sangre para un paciente que había que reoperar y mandaron a los kinesiólogos a sacarse sangre. Me la trajeron entera, sin procesar, calentita. Fue impactante.

¿Cómo elegían a quién operar entre 80 pacientes que necesitaban cirugía? 

Eso fue lo más difícil. Había que elegir 19 de los 80 pacientes que estaban anotados en la lista. Fue muy duro.

¿Hubo algún momento que te marcó especialmente? 

Las madres. Venían con los chicos en brazos y te decían: por favor, opérenlo. Sabían que esa era la única oportunidad de su hijo. Eso no se olvida.

¿Qué te llevás de esa experiencia? 

Reconecté con la especialidad de una forma que hacía años no sentía. Volví a sentir lo que sentía cuando era residente: qué lindo lo que estoy haciendo, qué importante es esto. Me probé en un contexto completamente distinto, con cirujanos canadienses y americanos. Tenía miedo de no estar a la altura. Pero me sentí muy bien con mi formación.

Tirarse desde un avión como entrenamiento para el quirófano

El mismo Bruno que hizo anestesia en Nigeria para niños muy necesitados, también salta en paracaídas desde cuatro mil metros. Dos mundos que, como vas a leer a continuación, tienen mucho más en común de lo que parece.

¿Qué te lleva a buscar estas experiencias que la mayoría no elegiría? 

Siempre me gustaron los desafíos difíciles. Empecé el paracaidismo durante la pandemia porque no podía bucear. Mi familia me quería matar. Pero fui a aprender, hice una clase teórica de ocho horas, me preparé y salté.

¿Cómo fue la primera vez? 

Tenía muchísimo miedo. Pero me centré en los protocolos, confié en la preparación y fui. Es muy parecido a la anestesia: no podés eliminar el riesgo, pero podés conocerlo y actuar a tiempo. De hecho, una vez tuve una emergencia real y tuve que aplicar el protocolo: desprender el paracaídas principal y abrir el de reserva. En teoría pasa una vez cada mil saltos; a mí me pasó un poco antes.

¿Qué tiene el vacío que no tiene la tierra?

La caída libre. En esos 40 segundos tu cerebro está completamente enfocado en lo que está pasando. No existe nada más. Esa presencia total es algo que también entrenás para el quirófano.

¿Sentís que todo esto te hace mejor anestesiólogo? 

Y, en cierta forma, sí. Me importa mucho más la seguridad del paciente desde que hago estos deportes. Acá es más fácil ignorar el riesgo porque no sos vos quien lo corre. Pero esto me abrió la cabeza: hay que tratar al paciente como si la anestesia te la fueran a hacer a vos.

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*Fundación VOOM: (Vincent Obioma Ohaju Memorial Foundation) 

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