
Reconstrucción facial de alta complejidad en el Hospital Iriarte de Quilmes

El miércoles 3 de septiembre de 2025, el Hospital Zonal General de Agudos Isidoro Iriarte de Quilmes concretó, por primera vez, una cirugía de reconstrucción facial de alta complejidad en un paciente con fractura panfacial, producto de un accidente de tránsito. Más allá del hito quirúrgico e institucional, la intervención representó un desafío anestésico significativo, centrado principalmente en la planificación preoperatoria y en el manejo seguro de la vía aérea.
El paciente, un joven de aproximadamente 24 años, sin comorbilidades conocidas, ingresó con múltiples fracturas faciales que comprometían simultáneamente distintos huesos del rostro. “En estos pacientes, más allá de la evaluación clínica básica y de los antecedentes personales y quirúrgicos, el punto clave es siempre la vía aérea”, explica el anestesiólogo a cargo, Dr. Facundo Gaido, quien realizó su formación en anestesiología en el propio Hospital Iriarte.
Desde la evaluación preoperatoria, el abordaje anestésico requirió una planificación cuidadosa. “Cuando los datos clínicos no indican la necesidad de estudios complementarios o interconsultas específicas, se solicitan estudios de rutina como laboratorio básico y electrocardiograma. Sin embargo, en este tipo de cirugías, la evaluación exhaustiva de la vía aérea es determinante”, detalla Gaido. Para ello, se combinó una inspección minuciosa con el análisis de estudios por tomografía computada, fundamentales para anticipar dificultades y definir la estrategia anestésica más segura.
La cirugía consistió en la reconstrucción mediante reducción y osteosíntesis con placas de titanio y la colocación de una malla en el piso de la órbita, un procedimiento de varias horas que demandó coordinación permanente entre los distintos equipos. La intervención, a cargo del equipo de cirugía maxilofacial del hospital, integrado por el Dr. Ignacio Sánchez, odontólogo especialista en cirugía maxilofacial, y el Dr. Valentino Mandrini, cirujano, transcurrió sin complicaciones.
“El manejo de la vía aérea fue uno de los aspectos más críticos”, señala el anestesiólogo. “Se evaluó cuidadosamente si el abordaje debía ser nasal u oral y, en función de esa decisión, se consensuó la técnica anestésica, que podía ser anestesia general convencional o con sedación para intubación guiada por fibroscopio”. En este caso, tras la inspección clínica de la vía aérea y el análisis de la tomografía computada, se optó por una intubación nasal bajo anestesia general, sin necesidad de recurrir a fibroscopio, ya que la permeabilidad de la vía aérea era normal. Este intercambio constante entre los equipos de anestesia y cirugía resultó clave para garantizar la seguridad intraoperatoria. En el posoperatorio inmediato, los cuidados anestésicos se enfocaron principalmente en el control del sangrado —teniendo en cuenta la proximidad de grandes estructuras vasculares en el área intervenida— y en el manejo del dolor. “Se trata de cirugías que requieren control estricto para evitar complicaciones innecesarias”, subraya Gaido. Para ello, se implementaron distintos abordajes analgésicos y un seguimiento cercano durante las primeras horas de recuperación.
La realización de esta cirugía en el Hospital Iriarte es el resultado de una inversión sostenida en infraestructura, equipamiento y capacitación profesional.
Desde la perspectiva anestesiológica, esta experiencia reafirma el valor de la planificación preoperatoria, el trabajo interdisciplinario y la formación continua. En una cirugía donde la vía aérea define gran parte del riesgo, la anestesia vuelve a ocupar un rol central y decisivo en el éxito de una intervención que marca un antes y un después para el hospital y para la región.



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