
"Bienvenidos a la anestesiología"
Hoy no termina un camino. Hoy empieza una nueva etapa: vivir la anestesiología. Porque la anestesiología no es solo una especialidad, es un estilo de vida. Nuestros pacientes nos entregan algo invaluable: su conciencia, su miedo y su ansiedad en uno de los momentos más vulnerables de su vida. Este acto de confianza absoluta es sagrado; y cada vez que entren en un quirófano, deben renovar esa confianza. La seguridad del paciente no es un protocolo pegado a una pared. Es una actitud. Es una presencia atenta. Es una decisión ética. Pero hay algo que me parece fundamental decir: quien cuida también necesita ser cuidado. No pueden sostener a otros si ustedes están agotados, desbordados o solos. Un anestesiólogo que no duerme, que no come bien, que naturaliza el cansancio extremo, que esconde sus angustias y no pide ayuda, es un profesional en riesgo. Y recuerden esto, cuidarse no es egoísmo, es responsabilidad profesional. Por eso, cuiden su descanso como cuidan una dosis de anestesia, con precisión y respeto. Cuiden su salud mental como cuidan una vía aérea difícil, anticipándose, preparándose, sin improvisar. Hablen cuando algo les pase, pidan ayuda cuando la necesiten. Aprendan a poner límites. La medicina no necesita héroes. Necesita profesionales íntegros, humanos y conscientes.
Cuando entren a una sala de preoperatorio, recuerden siempre esto: delante de ustedes no hay un número de cama, una historia clínica; hay una persona que tiene miedo, que está angustiada. Mírenlo a los ojos, pregúntenle cómo está, díganle su nombre, tómenle la mano si hace falta, transmitan que los van a cuidar. Eso quizás no figure en ningún manual, pero el factor humano tiene un valor terapéutico inmenso. La misma humanidad con la que van a actuar ante el paciente, también entréguensela al equipo de trabajo que está con ustedes: al residente que está aprendiendo, a la enfermera que lleva horas de pie, al colega que viene de atravesar una noche difícil… porque la empatía, chicos, también se entrena.
El quirófano puede convertirse en un lugar hostil y solitario, o un espacio de respeto y contención. Eso va a depender de cada uno. Desde hoy, cada decisión que realicen llevará un nombre mucho más grande que el propio, el nombre de la anestesiología y de nuestra querida casa, la AAARBA. Ustedes van a ser embajadores de la AAARBA. Cuando un anestesiólogo trabaja con excelencia, ética y humanidad, toda la especialidad crece. Y cuando esos valores se pierden, toda la comunidad sufre las consecuencias. Somos una especialidad silenciosa, muchas veces invisible cuando todo está bien y absolutamente indispensable en la medicina moderna. Cuiden el prestigio de esta profesión con orgullo y compromiso. Honren a quienes construimos el camino antes que ustedes y abrimos espacios de formación, crecimiento y respeto para las nuevas generaciones.
Para terminar, quiero recordar a alguien muy querido, el padrino de esta promoción, el querido doctor Carlos Carbajal, “Carba” para los amigos. Muchos de ustedes no lo conocieron, pero además de ser un ejemplar anestesiólogo, fue un gran maestro, excelente colega y por sobre todo, una gran persona. Un referente gremial. Yo -como amigo- y mis compañeros, lo extrañamos todos los días. Estoy seguro de que estaría profundamente orgulloso de verlos hoy aquí dando este paso tan importante. Por lo tanto, su legado vive, así que participen e involúcrese. Siéntanse parte de esta comunidad extraordinaria e irrepetible que siempre va a acompañarlos y sostenerlos. Cuídense para cuidar. Sean excelentes profesionales, sean buenas personas. Nunca olviden el enorme privilegio que significa que alguien, en su momento de mayor vulnerabilidad, confíe en ustedes. Esa sensación es muy gratificante.
Bienvenidos a la anestesiología. ¡Apasiónense de la especialidad!
Bienvenidos a la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires.
A partir de ahora, ¡somos AAARBA!



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