
Nacer con sangre donada

La paciente tenía 27 años, estaba sana y cursaba su primer embarazo. Había viajado desde Tierra del Fuego con un diagnóstico grave: su bebé, de 26 semanas de gestación, tenía una anemia fetal severa de origen desconocido. Sin tratamiento, el cuadro podía desembocar en insuficiencia cardíaca, daño neurológico o la muerte del feto. La indicación fue una transfusión intrauterina, un procedimiento que el hospital nunca había realizado. La madre llegó nerviosa: le habían dicho que, sin la transfusión, el bebé prácticamente podía fallecer. El procedimiento se resolvió casi de urgencia. Y hubo que hacerlo dos veces: la anemia era tan severa que se repitió a los seis días.
La transfusión se realiza por la vena umbilical, bajo guía ecográfica. Primero se toma una muestra de sangre fetal para medir el grado de anemia y calcular el volumen exacto a reponer; por esa misma vía se administran glóbulos rojos O negativo, leucorreducidos, irradiados, frescos y con hematocrito alto, para no sobrecargar de volumen a un cuerpo tan pequeño. Como fueron dos, medicina transfusional fraccionó una sola unidad para exponer al bebé a un solo donante. "Es un trabajo muy específico de medicina transfusional; prepararon una unidad específicamente para este bebé", destaca la Dra. Barrientos Cárdenas.
Acá el anestesiólogo tiene una particularidad: sostiene a dos pacientes al mismo tiempo. A la madre no se le dio anestesia general, sino una sedación controlada por TCI y monitorizada con BIS. "Se trata de brindarle confort a la mamá", resume. La profundidad se calibró con cuidado: sin que sea demasiado ligera, ya que la paciente no tenía que moverse; ni demasiado profunda, porque podrían deprimirse sus movimientos respiratorios, y son esos movimientos los que abren la ventana para canalizar la vena umbilical. Al feto se lo anestesió con opioide y relajante muscular por vía intramuscular, bajo guía ecográfica y a cargo del cirujano fetal, para dejarlo inmóvil durante la punción.
El monitoreo también fue doble. Mientras un equipo seguía a la madre, un segundo médico fetal controlaba la frecuencia cardíaca del bebé con un ecógrafo aparte. La clave era mantener a la madre hemodinámicamente estable: mientras la perfusión feto-placentaria se conservara, el feto estaba protegido. Los riesgos podían ser sangrado, lesión de un vaso del cordón o de la placenta y, en el peor caso, un parto prematuro.
Que un hospital pediátrico pudiera llegar hasta acá llevó un largo camino. "Nuestro hospital no atiende a mujeres gestantes", aclara la anestesióloga. Habilitar la internación de una madre implicó un trámite sinuoso, una sala adaptada y terapistas obstétricos contratados. Y antes, dos años de preparación: simulaciones con muñecas embarazadas y fetos de práctica, un protocolo de manejo anestésico escrito desde cero y muchas consultas al Dr. Hernán Allegrotti, anestesiólogo del Hospital Austral. "Siempre está ahí, al teléfono", dice la la entrevistada. Aún con todo listo, la primera vez asustaba.

La Dra. Jhanet Barrientos Cardenas es boliviana: llegó a la Argentina "en busca de la especialidad" y se quedó. Hizo la residencia en el Garrahan, un fellowship en anestesia cardiovascular y una rotación en el Texas Children's Hospital. El equipo fetal lo comparte hoy con la Dra. Natalia Flores y lo empezó junto a la Dra. Andrea Piña, quien se fue del país antes de la primera cirugía. "Ella me motivó; si no, no hubiera entrado", recuerda. En la transfusión también participó el residente de tercer año Dr. Manuel Alzamora.
Al cierre de esta entrevista, la madre y el feto evolucionaban favorablemente; y el bebé todavía no había nacido.
El equipo, mientras tanto, ya mira hacia adelante. Lo que viene, cuenta la entrevistada, son más tratamientos intrauterinos para las hernias diafragmáticas congénitas y la incorporación de un fetoscopio que permita hacer los procedimientos de manera menos invasiva. Todo depende de que los cirujanos fetales se capaciten; la anestesia, una vez más, acompaña. Y habrá que volver a foja cero, como con la transfusión: simulaciones, protocolos, ensayo tras ensayo, la misma paciencia de dos años que precedió a esta primera vez. "Junto a mi compañera Natalia Flores tenemos que acompañar los avances que haga este equipo", dice. En el Garrahan, la próxima primera vez ya se está ensayando.
Procedimientos de medicina fetal realizados con anestesia por nuestro equipo en el Hospital Garrahan, por la Dra. Jhanet Barrientos Cardenas.
Además, el equipo participa en el manejo anestésico de cesáreas de alta complejidad por patología fetal, entre ellas embarazos con diagnóstico prenatal de hernia diafragmática congénita. Tanto las cirugías de mielomeningocele como los EXIT se realizan entre dos anestesiólogas —junto a la Dra. Natalia Flores—, por su mayor complejidad y para asegurar el cuidado perioperatorio de los dos pacientes, la madre y el feto. |


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