
Autos híbridos: tres socios nos cuentan cómo les va al volante

Héctor Dacoff
Reconocido entre sus colegas como un conocedor de autos y tecnologías, el Dr. Héctor Dacoff maneja desde hace casi dos años un Toyota Corolla Cross híbrido no enchufable. Venía de un gasolero y, al buscar reemplazo, encontró que Toyota ofrecía “el sistema híbrido más probado del mundo”, heredado del Prius. A eso sumó un beneficio concreto: patentando en Capital Federal, el régimen vigente bonifica el 100% de la patente durante los dos primeros años.
En el uso diario está muy conforme. En la ciudad, “no consume nada, casi la mitad de un auto chico”, gracias a que el motor eléctrico asiste justo en los arranques, donde un naftero derrocha combustible. En ruta la ecuación se invierte y rinde como cualquier auto a nafta; al principio dudó de la potencia, pero tras un viaje a Chile “le tomó la mano”. También valora las asistencias de seguridad: el freno automático, cuenta, “me salvó de chocar con la reja del garaje, porque frena sola”.
Buen conocedor del mercado, Dacoff pone sobre la mesa un reparo práctico —“casi ningún modelo chino trae rueda de auxilio, y para nuestras distancias es un problema”. Aprovecha también para contarnos sobre un prejuicio frecuente: “Saquémonos el complejo de los autos chinos; hoy son mucho más tecnológicos y de mayor calidad”. Tanto que su próximo paso apunta en esa dirección: piensa cambiar su segundo auto por un híbrido enchufable y se inclina por un BYD. La razón es el respaldo a futuro: al fabricarse en Brasil, quedan dentro del Mercosur y aseguran repuestos y servicio, algo que no garantizan las marcas que entran por cupo de importación.

Sergio Muñoz
El Dr. Sergio Muñoz compró en marzo de este año una Chevrolet Captiva híbrida enchufable. Venía de una Toyota híbrida y quería dar un paso más: “Quería ver cómo era combinar lo híbrido y lo enchufable”. Pesaron también el precio y el respaldo de la marca, de origen americano aunque con tecnología china. La batería le permite andar entre 80 y 90 kilómetros en modo eléctrico y, si se agota, entra el motor a nafta. “Los motores eléctricos tienen una respuesta on-off: acelerás y sale disparado, mucha más reacción que un naftero puro”, cuenta, entusiasmado tras probarlo en ruta. Las contras: la autonomía (si uno pretende andar siempre en eléctrico), y la necesidad de instalar un cargador rápido en casa. Sobre el impacto ambiental es prudente: “No hay emisión de CO2, aunque cómo se fabrica la batería ya es otro cantar”.

Marisa de Santis
La Dra. Marisa De Santis maneja hace un año un Toyota Corolla Cross híbrido y lo eligió por curiosidad, tras haber tenido autos diésel, manuales y automáticos. En la ciudad está feliz: “No gasta nada y yo odio cargar nafta”. En ruta la historia cambia —el tanque es chico y la autonomía, corta—: reconoce que, si volviera a comprar, para viajar elegiría un naftero y dejaría el híbrido, más chico, para la ciudad. Le llama la atención lo silencioso que es, al punto de que algunos modelos ya suman sonido exterior: “Dicen que para la gente es medio peligroso, porque no lo escuchan”.
Más allá de sus diferencias, los tres coinciden en algo: en la ciudad el ahorro se nota y la patente en Capital ayuda; en la ruta, todavía hay reparos.

Cómo funciona un auto híbrido
Un híbrido combina un motor a nafta con uno eléctrico, y la clave está en el reparto: el eléctrico asiste justo cuando el naftero es menos eficiente —los arranques y las bajas velocidades—, y de ahí viene el ahorro. Según explica el Dr. Dacoff, hoy conviven cuatro variantes:
- Híbrido no enchufable. El más básico. La batería es chica y se recarga sola, con el motor a nafta y con las frenadas: no hay que enchufarlo nunca. Rinde mucho en ciudad —consume casi la mitad que un auto chico— y menos en ruta, donde gasta como cualquier naftero.
- Híbrido enchufable (PHEV). Trae una batería más grande y permite andar en modo totalmente eléctrico entre 40 y 100 kilómetros, según el modelo. Se enchufa en casa o en una estación de carga y, cuando la batería baja, funciona como un híbrido común. Ideal para el uso urbano diario.
- Enchufable de rango extendido. Acá el motor a nafta no mueve las ruedas: solo genera electricidad para cargar la batería, y la tracción es siempre eléctrica. Como ese motor trabaja siempre en su punto óptimo, alcanza una eficiencia que los sistemas convencionales no logran.
- 100% eléctrico. Sin motor a nafta: se carga únicamente enchufado. Ofrece la mayor autonomía en la ciudad y el menor mantenimiento —sin cambios de aceite ni caja de velocidades—, aunque todavía depende de la red de puntos de carga para viajar lejos.




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