
Los otros protagonistas del parto

Imagen ilustrativa
El piso, ese refugio
"En mi experiencia de más de 20.000 nacimientos, creo que dos de cada diez acompañantes se desmayan o necesitan acostarse en el piso", calcula el Dr. Orencel, que vio caídas sin apoyo, hipotensiones y hasta alguno derivado a la guardia. El Dr. Chaia prefiere anticiparse: les pide que se sienten en el suelo antes de que sea tarde. Uno le tomó el gusto: se acostó, se cruzó de piernas y siguió el parto desde ahí. "Yo me siento bárbaro, pero me gusta estar así", argumentaba. El Dr. Mansilla tuvo que improvisar cuando lo llamaron de la sala de al lado: un acompañante de un metro ochenta se había partido la cabeza. Lo desinfectó, le rasuró el cuero cabelludo y le dio unos puntos en el suelo. "El tipo vio nacer a su hijo desde el piso."
La ansiedad hace lo suyo
Hay quienes preguntan cuánto pesa el bebé cuando apenas asoma la cabeza. Y hay reacciones difíciles de anticipar. Orencel recuerda a uno que, ante un "levantale la cabeza para que lo vea", metió las manos en el campo estéril y se la levantó él mismo. Otro, carpintero, había pintado la habitación de celeste y armado la cuna esperando un varón. Nació una nena y se fue de la sala sin decir palabra. No cortaron el cordón hasta que volvió. Chaia recuerda a uno que se negaba a que su hijo llevara un nombre en el certificado: terminó anotado, literalmente, como "Bebé".
De afuera de la puerta a la playlist
"Hace treinta años el acompañante no entraba ni al parto ni a la cesárea", recuerda el Dr. Orencel. Hoy filman, cortan el cordón y eligen la música. Chaia, que produce música como hobby, presta el parlante y comenta las listas ajenas. También asumió, sin resistencia, el rol de fotógrafo: "No me molesta para nada, me encanta". Y guarda una imagen que no vio nunca más: un acompañante que se sacó la chaqueta para hacer piel con piel con el bebé.
"Todo es muy dinámico y cambiante", resume Orencel: hoy hay partos monoparentales, de parejas de mujeres, de parejas de varones. La sala de partos se sigue ampliando y lo que viene todavía está por escribirse.
El acompañante que cambió la especialidad
Hay un antecedente ilustre. En 1942, John Bonica —médico siciliano radicado en Estados Unidos, que se pagó la facultad peleando como luchador profesional bajo el nombre de Masked Marvel— acompañó el nacimiento de su primera hija. Su esposa, Emma, estuvo al borde de la muerte por complicaciones de la anestesia por goteo abierto. Ese episodio le cambió el rumbo. Dedicó su carrera a introducir las técnicas regionales en obstetricia y al estudio del dolor, fundó la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor y escribió los textos que todavía se estudian en todo el mundo. Emma fue una de las primeras mujeres en recibir anestesia peridural, en el parto de su segundo hijo. El fundador de la medicina del dolor también empezó siendo un acompañante asustado en una sala de partos.
El Dr. Mansilla subraya cómo viven algunas personas ese momento tan especial: hay parejas que transmiten algo difícil de explicar, que se nota en cómo se miran, en cómo abrazan al recién nacido. Chaia, del otro lado de la escena, se puso una meta: "El día que no me conmueva un nacimiento, será el momento de dejar".


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