
Polo: los consejos de un domador (y anestesiólogo)

Pablo Repetto, anestesiólogo, jugador de polo y domador de caballos para ese deporte, habló con la revista Con Anestesia y compartió claves para empezar de cero, jugar mejor y entender al caballo.
¿Quién es Pablo Repetto?
Pablo Repetto es anestesiólogo y, fuera del quirófano, pasa buena parte de su tiempo en la cancha: juega al polo y doma caballos para ese deporte. Esa doble mirada —la del que juega y la del que prepara al animal— atraviesa cada uno de sus consejos.

Andar y jugar: todo junto, pero con orden
«Va junto, pero con orden», explica Repetto. En una escuela seria nadie recibe un taco y un caballo de partido el primer día: primero se sube a un petiso de escuela —manso, que ya sabe el oficio— para aprender a sentarse, pararse en los estribos, manejar con una mano y no pelearle la boca al animal. El taco aparece casi enseguida, pero al paso o al trote corto, pegándole a una bocha quieta o que rueda despacio. Quien ya sabe andar a caballo adelanta camino; quien nunca se subió también puede empezar: «El caballo de escuela hace la mitad del trabajo».
No hace falta caballo propio
Es la primera duda de casi todos y la respuesta es no. En la mayoría de los clubes y escuelas, el caballo se presta, y para arrancar es lo normal. El equipo mínimo de la primera clase también lo pone el club: casco —imprescindible—, taco y, a veces, polainas o botas. Del lado del alumno, alcanza con pantalón cómodo, remera y, si se tienen, botas de taco bajo; los guantes ayudan. El caballo propio, advierte Repetto, llega «mucho más adelante, cuando ya sabés lo que querés y lo que podés mantener».
🎒 Equipo: qué comprar si te enganchás, según Pablo
⛑️ | Casco — Propio y homologado, siempre. Es la primera compra y la única que no se negocia: bien puesto, es la principal protección de la cabeza. |
🏑 | Taco — Uno de 52 pulgadas es un estándar para empezar. Se usa sólo con la mano derecha. |
👢 | Botas — De polo. Para las primeras clases alcanza con botas de taco bajo. |
🧤 | Rodilleras y guantes — Completan el equipo básico: la rodilla es una de las zonas que más golpes de taco recibe. |

Dónde aprender y cómo es la primera clase
Hay escuelas y clubes que toman alumnos de cero. En el conurbano y alrededores de Buenos Aires hay varias opciones —zona Pilar, Francisco Álvarez, Cañuelas, Capilla del Señor, Cardales y estancias con escuela—, y también hay programas en Mar del Plata y estancias que organizan jornadas de iniciación. La primera clase, según Repetto, suele seguir este orden:
1️⃣ | Conocer al caballo Te lo presentan y te explican, a grandes rasgos, cómo se ensilla. |
2️⃣ | Subirse Unas vueltas al paso, con el instructor siempre al lado. |
3️⃣ | El primer contacto con el taco Taco en mano, a pegarle a la bocha parada o rodando despacio. Nada de partido. |
4️⃣ | El verdadero objetivo Terminar entero, con ganas de volver y sin haberle hecho daño al animal. |
🏇 EL ABECÉ: para el que no sabe nada
✋ | Manos — El taco va sólo en la derecha, siempre. El caballo se maneja con la izquierda: rienda, asiento y piernas. |
↔️ | Lados — Se pega de los dos lados del caballo: near side (izquierda) y off side (derecha). Al principio casi todo es off side, el más natural. |
🎯 | Golpe — No se pega fuerte: se pega limpio. La bocha tiene que salir hacia donde uno quiere, no a cualquier lado. |
🚩 | Reglas — Desde el día uno: derecho de paso (tiene prioridad quien va detrás de la bocha, en su línea), no cruzarse adelante, no enganchar de cualquier manera y no pegarle al caballo del otro. «El resto se aprende jugando». |
⏱️ | Partido — Un partido oficial es de cuatro jugadores por lado y se juega en chukkers (períodos). Antes llegan las prácticas, el stick and ball y los chukkers muy suaves. |
¿Cuánto falta para jugar un partido?
«Si nunca te subiste, contá meses, no semanas», advierte Repetto. En cuatro a ocho clases ya se pega al paso y al trote. Un chukker informal, lento y con gente paciente puede llegar a los dos a cuatro meses si se va seguido. Un partido que se sienta «de verdad» —aunque sea amateur y desordenado— suele llevar entre seis meses y un año, según cuánto se monte y qué caballo toque. Al principio frustra: el caballo se mueve, la bocha no está donde se la vio y el taco no llega. Pero hay un salto, dice, «cuando dejás de pensar en no caerte y empezás a pensar en la bocha». El que avanza más rápido es el que monta seguido y no se pone nervioso.

Jinete y caballo: una sociedad
«Que el caballo te crea y que vos no lo interrumpas», resume Repetto sobre lo que tiene que pasar para que la dupla funcione. Un buen petiso de polo anticipa: frena, gira y sale si el jinete se sienta y le pide sin pelearle. En cambio, si le tironean la boca, si el jinete se adelanta del asiento o si lo castiga cuando no entiende, el caballo se cierra. Lo que funciona es asiento quieto, piernas claras, mano suave y la mirada hacia adelante, no hacia abajo. «El caballo de polo no es un auto: si lo tratás como máquina, te deja a pie en el segundo chukker».
Físico y edad: el límite no es el calendario
El polo pide equilibrio, core (fuerza abdominal), piernas y un mínimo de fondo. No hace falta ser atleta de élite para arrancar, pero sin estado físico cuestan el trote largo y los cambios de dirección. Los reflejos, en cambio, sí son necesarios: la bocha y los otros caballos aparecen rápido. Se puede empezar de chico —hay escuelas desde los 6 u 8 años, donde lo primero es el vínculo con el caballo— y seguir de grande si el cuerpo aguanta: hay gente jugando amateur bien entrada la cincuentena. «El límite no es la edad: es si podés caerte y levantarte, y si el caballo te queda».
Beneficios: cuerpo y cabeza
En el cuerpo, el polo trabaja equilibrio, fuerza de tronco y coordinación, con un cardio irregular de esfuerzos cortos e intensos. En la cabeza, exige atención plena: no hay lugar para pensar en otra cosa, porque hay que leer al animal, a los compañeros y a la bocha al mismo tiempo. Y Repetto suma un efecto que, asegura, no aparece en otros deportes: «Cuando el caballo te responde, baja la ansiedad. Es trabajo en equipo con alguien que no habla».

Riesgos reales, y cómo prevenirlos
Los más comunes son las caídas, los golpes de taco —en muñeca, antebrazo y rodilla—, las lesiones de hombro —en la caída o en el ride-off, cuando dos jugadores se empujan con el caballo para disputar la línea—, los esguinces y, de vez en cuando, la cabeza, si el casco es malo o no está bien puesto. Menos frecuentes, pero graves: la pisada o la coz (patada violenta de patas traseras) si el jinete queda en el piso.
La prevención, para Repetto, es concreta: casco homologado siempre; un caballo acorde al propio nivel —«no un petiso de 8 goles para el que recién arranca»—; no jugar cansado; calentar al caballo; no enganchar a lo loco, y aprender a caer: soltar el taco y no poner la mano dura. Su diagnóstico no tiene vueltas: «El amateur que se lesiona de más suele ser el que se cree más de lo que es».
El error más común: pegarle a la bocha en vez de jugar al polo
Entre quienes ya juegan y quieren mejorar, el error se repite: ven la bocha, se tiran encima y pegan como si el partido se ganara a palos. El salto de nivel, explica Repetto, está en la posición: llegar antes, dejar la bocha jugable para el compañero y usar la velocidad del caballo en lugar de frenarlo para acomodarse. Su consejo es simple: filmarse. «Vas a ver que mirás la bocha y no el juego». Y una advertencia más: no pelearle la boca al caballo después de errar un golpe. «El que falla sos vos».
Lo que no se enseña en la clase
Para Repetto, el partido empieza antes de subirse. Hay que fijarse cómo llega el caballo a la cancha: si viene tenso, caliente o dormido, el partido ya arrancó mal. Por eso recomienda aprender a leerle el lomo, la boca y la oreja antes de montar. Durante el juego, si un giro no sale, la primera pregunta tiene que ser si se lo pidió bien, antes que castigarlo. Y al terminar, nada de dejarlo e irse: caminarlo, mirarle los tendones, fijarse si apoya raro. «El jugador que saca más de un caballo es el que lo trata como socio, no como herramienta. Eso no se aprende pegándole a la bocha: se aprende en el box, en el vareo y en los cinco minutos después de bajarte».

Por dónde empezar
El Faro Polo (General Lavalle). Club oficial de la Asociación Argentina de Polo, sobre la Ruta 11, a 20 minutos de Pinamar y a unas cuatro horas de la Ciudad de Buenos Aires. Tiene dos canchas oficiales y ofrece clases personalizadas para chicos y adultos de todos los niveles, clínicas intensivas y propuestas de fin de semana o semana completa. No hace falta experiencia previa en equitación, y el equipo (caballos, casco, tacos y botas) está incluido. Una opción para combinar con las vacaciones en la Costa.
Web: elfaropolo.com · Instagram: @elfaropolo
Capilla del Señor Polo Club (Capilla del Señor). Sobre la Ruta 39, en el partido de Exaltación de la Cruz, en una de las zonas cercanas a Buenos Aires que menciona Repetto. Inició su actividad oficial a fines de 2009 y hoy organiza torneos durante todo el año. Para quien quiera empezar, algunos de los jugadores del club dan clases ahí mismo.
Instagram: @capilladelsenor.pc




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