
Nobel de Medicina 2026: la luz como interruptor del cerebro

La Asamblea Nobel del Instituto Karolinska otorgó el Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2026 al estadounidense Karl Deisseroth y a los alemanes Peter Hegemann y Georg Nagel “por sus descubrimientos sobre los canales iónicos activados por la luz y la optogenética”.
Deisseroth (1971), doctor en Medicina y en Filosofía, es profesor de Bioingeniería y de Psiquiatría en la Universidad de Stanford. Hegemann (1954) es profesor de Neurociencia en la Universidad Humboldt de Berlín. Nagel (1953), doctor por la Universidad de Frankfurt, es profesor de Fisiología Molecular Vegetal en la Universidad de Würzburg.
De un alga al cerebro
Todo empezó con una pregunta: cómo hace el alga microscópica Chlamydomonas para nadar hacia la luz. A principios de los 2000, Hegemann y Nagel descubrieron en su superficie la canalrodopsina. Esta proteína funciona como una puerta molecular: al iluminarla con luz azul, se abre y deja pasar partículas con carga eléctrica. Deisseroth introdujo el gen de esa proteína en neuronas de rata y logró disparar señales nerviosas con luz. Después llevó el método al cerebro de ratones vivos.
“El trabajo de los premiados permitió convertir la luz en una herramienta para controlar la actividad de células vivas”, sintetiza Lisandro Otero, investigador del CONICET en el INBIAS. Mariano Boccia, del InTecFyB (CONICET-UBA), explica el salto. Antes, estimular una región del cerebro con electricidad activaba todo a la vez. Con la optogenética se pueden establecer, por primera vez, relaciones causales directas entre un grupo específico de neuronas y una conducta, un recuerdo o una emoción.
Hoy, la técnica se usa en laboratorios de todo el mundo para estudiar circuitos de la memoria, el miedo, el sueño o el dolor. En la clínica, el avance más concreto está en la visión. En 2021 se publicó el primer caso de un paciente con retinitis pigmentosa que recuperó parcialmente la vista tras una terapia génica optogenética. También se investigan aplicaciones en epilepsia, arritmias, dolor crónico e implantes cocleares.
¿Y la anestesiología?
El reconocimiento del Nobel invita a preguntarse qué puede aportar la optogenética a la anestesiología. Para responderlo, Con Anestesia consultó a dos especialistas.
Santiago Costantino dirige la unidad de investigación en biofotónica del Centro de Investigación del Hospital Maisonneuve-Rosemont y es profesor titular de Oftalmología en la Universidad de Montreal. Ante la pregunta sobre sus posibles aplicaciones en la especialidad, matiza: “Depende de a qué te refieras con aplicación. Hay cientos de trabajos sobre investigación en dolor que usan optogenética, también algunos sobre anestesia más específicamente. Si por aplicación te referís a que prendan una luz y te quedes dormido, eso todavía no. No es fácil iluminar el cerebro sin abrirlo”.
Hernán Grecco, investigador principal del CONICET especializado en microscopía funcional, coincide en que el camino es largo, aunque señala una línea prometedora: “Poder activar o inhibir con luz las neuronas que transmiten las señales de dolor. En principio, eso permitiría bloquear el dolor de manera mucho más selectiva, sin afectar otras sensaciones o funciones motoras”. Pero advierte: “Todo lo que vi es experimentación en animales y lejos de la clínica”.
En la Argentina también hay grupos que trabajan con optogenética, como los de Antonia Burgin (IBioBA) y Alejandro Schinder (Fundación Instituto Leloir).
Fuentes: Nobel Prize Outreach; CONICET; La Nación.


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