De Argentina al mundo. Innovación en el Monitoreo Respiratorio

En el fascinante mundo de la tecnología médica, el ingeniero argentino Matías Madorno ha logrado un hito con el desarrollo del FluxMed, un dispositivo de monitoreo respiratorio avanzado que se utiliza en hospitales de todo el mundo, incluida la NASA y Harvard.
Notas06/01/2025 Lic. María Eugenia Piaggio
Mat Madorno

Matías Madorno, referente en el campo de la bioingeniería aplicada a la medicina, es responsable de la cátedra de Física y Mesas de Anestesia en el Curso de la Carrera de Médico Especialista en Anestesiología de la AAARBA – UBA y titular de la materia Ventilación Mecánica en la Carrera de Bioingeniería del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA). Su profundo conocimiento en el área de la bioingeniería ha sido fundamental en la creación de dispositivos innovadores que mejoran la atención de pacientes en ventilación mecánica, como el FluxMed, un dispositivo diseñado para medir de manera precisa y no invasiva la presión transpulmonar. A través de tecnología avanzada, este monitor permite evaluar con precisión la interacción entre el pulmón y la pared torácica, facilitando el soporte ventilatorio óptimo y reduciendo el riesgo de lesiones asociadas.

En diálogo con nuestra revista, Matías Madorno comparte detalles sobre su trayectoria, los desafíos de innovar en Argentina y cómo estos desarrollos impactan positivamente en la práctica médica a nivel global.

¿Cómo surgió la idea de crear el FluxMed y cuándo comenzó esta aventura?
Mientras estudiaba Ingeniería en Informática en el ITBA, tuve mi primer acercamiento al desarrollo tecnológico en el Laboratorio de Inteligencia Artificial, donde diseñé un programa para aprender a jugar al truco utilizando redes neuronales. En 2000, ese trabajo me valió un premio universitario que llevó a iniciarme en la investigación.
Más tarde, en 2002, un profesor del laboratorio me llevó a trabajar en una empresa que desarrollaba equipos de cardiología como electrocardiogramas y marcapasos externos. Allí descubrí la bioingeniería, un campo que hasta entonces desconocía. Siempre quise emprender y, mientras trabajaba, pensaba: "Todo lo que se hace acá, yo podría hacerlo". Por supuesto, estaba subestimando muchísimo lo que implica desarrollar una empresa.
Al completar mi carrera, hice un posgrado en Diseño y Mantenimiento de Equipos Médicos entre el ITBA y el CEMIC. Fue en una clase de fisiopatología donde el docente mencionó la idea de un dispositivo que midiera el índice de respiración rápida y superficial (RSBI) para el weaning del paciente de manera independiente del respirador. Esa idea quedó en mi mente. En 2004, renuncié a mi trabajo y comencé a diseñar el FluxMed.

¿Qué obstáculos enfrentaste en el desarrollo del FluxMed?
Muchos y de todos los colores. Por ejemplo, generar la confianza de los clientes fue un desafío inicial. En un sector donde la tecnología suiza o alemana domina, decir que un equipo médico es argentino genera dudas. Sin embargo, la calidad de nuestro producto fue la clave para abrir puertas.
Por otro lado, obtener certificaciones internacionales es cada vez más complejo. Europa, por ejemplo, endureció las regulaciones y el acceso a certificadoras se convirtió en una barrera no arancelaria. Además, la inestabilidad económica en Argentina complica el proceso: la importación de insumos certificados, que es esencial para agregar valor y exportar, se vuelve una carrera de obstáculos.

Luego de tu formación en informática, ¿cómo adquiriste los conocimientos necesarios para desarrollar equipos médicos?
Las carreras de grado te enseñan a aprender cosas complejas. Yo hice el posgrado en equipos médicos, que me dio bases sólidas de fisiología. Pero el resto lo fui construyendo con curiosidad, leyendo, preguntando y conectando con referentes. Necesito entender cómo se relacionan los procesos; no me sirve memorizar. Esa mentalidad y la posibilidad de desafiar ideas me permitieron avanzar.

¿Cuándo empezaste a percibir las primeras señales del éxito?
Cuando me empezaron a invitar a congresos y cursos como experto en medición avanzada, fue una señal enorme. Pasar de ser proveedor a orador en comités científicos indicó que estábamos haciendo las cosas bien. Luego, en 2011, ganamos el premio ExportAr con nuestra primera exportación a Francia.

El camino en el exterior
La tecnología de Matías Madorna cruzó fronteras, llegando a Harvard, la NASA y más de 20 países. Su impacto en la medicina intensiva y quirúrgica es solo el principio.

¿Cómo llegaron a utilizar tu tecnología en Harvard y la NASA?
Nuestro monitor simplifica enormemente el registro completo de los datos del paciente para mediciones avanzadas y eso hizo que muchos investigadores de Europa, Canadá y, más tarde, instituciones de renombre mundial como Harvard adopten nuestra tecnología. 
Al principio, los investigadores de Harvard querían usar nuestros monitores, pero no nuestros balones esofágicos. Tras sentarme con ellos, realizamos juntos las mediciones de la calidad de los datos generados por nuestro balón y el que ellos usaban. Pude demostrarles que nuestra tecnología era mucho más precisa. Poco a poco, los investigadores principales del estudio se fueron convenciendo, y recientemente uno de ellos, quien inicialmente se mostraba escéptico, me confesó que ahora es un gran entusiasta de nuestros balones, no solo por su superioridad en la calidad de señal, sino también porque son más fáciles de colocar. Este testimonio provino de un director de investigaciones clínicas de la Universidad de Columbia, lo que resalta el impacto de nuestra tecnología.
Además, desarrollamos un software a medida que sigue estrictos protocolos de investigación. 
En cuanto a la NASA, el proceso fue aún más sorpresivo. Recibimos un correo con una consulta técnica muy específica. Respondimos, ofrecimos más información y, tras algunos intercambios, nos pidieron una cotización, pagaron y enviamos el equipo. Aunque no sabemos con certeza cómo se utiliza, creemos que podría estar relacionado con sistemas de soporte vital para astronautas, aunque esto es solo una intuición.

¿Dónde se está utilizando el FluxMed y quiénes lo emplean?
Hoy, el FluxMed se usa en más de 20 países. El dispositivo es especialmente usado por intensivistas y kinesiólogos en unidades de terapia intensiva, aunque cada vez más anestesiólogos lo adoptan en quirófanos, particularmente en cirugías largas o pacientes complejos. En Suecia, incluso lo utilizan en ambulancias.
A su vez, Harvard está evaluando su impacto en la ventilación guiada en cirugías de obesos.

Un éxito que continúa en construcción
La satisfacción personal es el motor que impulsa este desarrollo, llevando a innovaciones que no solo mejoran la atención médica, sino que también abren nuevas posibilidades para el futuro de la medicina

¿Cuál es la satisfacción personal detrás de este desarrollo?
Desde chico quise inventar algo. Con el FluxMed sé que estoy aportando una herramienta que facilita la medición de parámetros respiratorios avanzados y que ayuda a salvar vidas. Que hospitales de prestigio mundial y la NASA utilicen nuestra tecnología es un orgullo inmenso.

¿Cuáles son los próximos pasos?
Estamos finalizando un balón esofágico con sonda de alimentación integrada, lo que evitará invadir al paciente con dos sondas. Además, desarrollamos un nuevo monitor enfocado en ventilación no invasiva, un área donde el monitoreo es limitado pero puede marcar una gran diferencia.
Innovación, calidad y perseverancia son las claves detrás del éxito de Matías Madorno y el FluxMed. Este dispositivo, nacido en Argentina, no solo ha conquistado instituciones líderes en el mundo, sino que sigue marcando el camino hacia una medicina más avanzada y precisa.

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