Pacientes con cuatro patas

En la semana del Día del Animal entrevistamos a Pablo Otero, veterinario anestesiólogo y referente en el área.
Edición Especial29/04/2026 Lic. María Eugenia Piaggio
veterinari
Imagen ilustrativa

Pablo Otero es veterinario anestesiólogo, jefe de la cátedra de Anestesiología y Algología de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA, y acaba de recibir un doctorado honoris causa en México. En esta charla con la revista de la AAARBA, revela los puntos de contacto —y las diferencias notables— entre su especialidad y la anestesia humana, habla de bloqueos regionales, inteligencia artificial y experimentación animal, y recuerda la deuda que tiene con dos pilares de esta Asociación: los doctores Jorge Antonio Aldrete y Alberto Torrieri.

Otero 2026
Pablo Otero.

Un honoris causa en tierra de Aldrete

El 24 de abril de 2026 Pablo Otero recibió un doctorado honoris causa de la Universidad Mesoamericana, en Córdoba, Veracruz. El reconocimiento despertó en él una memoria muy particular, con nombre y apellido.

— ¿Qué significa para vos recibir este título en México?

El honoris causa reconoce una trayectoria. La universidad hace sus indagaciones, estudia el currículum, le pone su lírica y cuando se lee todo junto te das cuenta de que hiciste un montón de cosas. Pero lo más importante para mí —y realmente quisiera que quede reflejado— es que hay una persona que fue decisiva en mi derrotero como científico: el profesor J. Antonio Aldrete, para mí, uno de los diez o quince anestesiólogos más importantes de la historia de la especialidad.

— ¿Cómo llegaste a Aldrete?

A través de las memorias de lo que yo entiende como su paso sabático por la Asociación, en los años 80. Me conecté con él simplemente para decirle que me había inspirado. Eso generó un vínculo que duró más de veinte años. Aldrete era muy amigo de Alberto Torrieri, con quien generamos una relación de trabajo prolífica y una buena amistad. De hecho, fui yo quien nominó a Aldrete como doctor honoris causa de la Universidad de Buenos Aires y él recibió ese título. Que luego México me haya homenajeado a mí, en su tierra, a la cual él quería mucho... es uno de esos lindos giros de la historia.

— ¿Qué lugar ocupa Aldrete en la historia de la anestesiología?

Es uno de los quince anestesiólogos más importantes de toda la historia de la disciplina. Me llevó a la Asociación, me propuso escribir un capítulo en la última edición de su libro Anestesiología —eso fue alrededor del año 2000— y ese ejercicio me hizo darme cuenta de que yo podía escribir. A partir de allí, me senté y produje mi primer libro sobre manejo del dolor, publicado en 2003. Sin ese empujón, quizás nada de lo que vino después hubiera existido.

Dormir perros sin que nadie te enseñe cómo

Otero empezó a trabajar como ayudante de cátedra antes de recibirse, pasó por anatomía y farmacología, y cuando terminó la carrera ya estaba en la guardia anestesiando animales. Sin formación específica, sin libros, casi sin referentes.

— ¿Cómo fue ese inicio?

Yo me recibí en el 87 ya trabajando en la facultad. Arranqué como ayudante en anatomía desde el segundo año, lo que me dio un background enorme para los bloqueos. Después pasé a farmacología, que fue donde empecé a construir mi línea de trabajo. Y cuando me recibí, ya estaba haciendo guardias, durmiendo perros de manera muy rudimentaria, con muchísimas falencias, porque no existía nadie en la medicina veterinaria argentina que tuviese injerencia real en esto. Los pocos libros que llegaban estaban en inglés y no los sabíamos leer. Ni nosotros, ni nuestros profesores. Fuimos a los ponchazos.

— ¿Y cuándo se fundó la cátedra?

En 2007, después de veinte años de ese derrotero, se alinearon todos los planetas: hubo una reforma curricular —algo que pasa como la reforma de la Constitución, una vez cada mucho tiempo— y había un rector que supo escuchar y mirar hacia adelante. Antes de eso, todos los anestesiólogos veterinarios dependían jerárquicamente de los cirujanos. Nosotros separamos eso. Fue una lucha encarnizada, pero nos dio vuelo. Hoy somos la cátedra con la producción científica más trascendente en la historia de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA desde su fundación.

— ¿Por qué incluir la algología en el nombre de la cátedra? 

Porque incorporamos el manejo y la comprensión del dolor en la currícula del médico veterinario. Fue un evento trascendente que está siendo copiado por muchas facultades en la región, aunque todavía es una experiencia exótica en muchos lugares.

Bloqueos regionales diseñados en Buenos Aires

La cátedra de Otero es reconocida internacionalmente como una de las escuelas más influyentes en anestesia regional veterinaria. Una gran cantidad de bloqueos que se practican hoy en el mundo fueron desarrollados allí. El instrumento central: el ecógrafo.

— ¿Cómo llegó la ecografía guiada a la veterinaria?

Inicialmente usábamos los mismos equipos que los médicos. Pero a medida que esto se volvió un recurso crítico, las empresas empezaron a producir líneas específicamente diseñadas para animales. Mindray, por ejemplo, dividió su negocio en Mindray Human Care y Mindray Animal Care. Hoy los grandes fabricantes tienen software veterinario con presets propios. Son los mismos ecógrafos con configuraciones distintas.

— Si un anestesiólogo de humanos entra a tu quirófano, ¿qué lo sorprendería?

No va a haber nada que no conozca desde el punto de vista de infraestructura. Trabajamos con una General Electric Avance de alta gama, tenemos respiradores microprocesados, monitores, intubamos de rutina. Es una réplica de un quirófano humano. La gran diferencia es el paciente: la vía aérea, la anatomía, la diversidad de especies. Y si entra a un quirófano de grandes animales, ahí sí se va a sorprender.

Donde la muerte es más frecuente

La anestesiología veterinaria tiene tasas de mortalidad perioperatoria incomparablemente más altas que la humana. 

— ¿Cómo está la mortalidad perioperatoria en veterinaria hoy?

Estamos donde la medicina humana estaba en los años 70. Tenemos una tasa de mortalidad del 0,6 por ciento promedio, que es alta, pero significativamente mejor que hace quince años. Los tres factores que más impactan son: formación de recursos humanos, equipamiento y cuidado postoperatorio. Gran parte de las pérdidas ocurren cuando el paciente sale del quirófano. 

La inteligencia artificial ya está en el quirófano veterinario

Otero acaba de regresar de China, donde vio de primera mano cómo la industria del equipamiento médico incorpora inteligencia artificial en tiempo real. Su diagnóstico sobre el futuro de la especialidad es cauteloso pero concreto.

— ¿Qué viste en China en materia de IA aplicada a la anestesia?

Los chinos están revolucionando el equipamiento. Prácticamente todas las innovaciones que vi incorporan inteligencia artificial, ya sea por los feedbacks automáticos que realizan o por los algoritmos diagnósticos que implementan. Ya tenemos en la facultad máquinas de anestesia que generan un loop de retroalimentación con el dióxido de carbono espirado del paciente y ajustan los parámetros de ventilación para mantener la normocapnia. Y los ecógrafos ya existen que, al colocar el transductor, escanean la zona, identifican diferentes estructuras y permiten localizar el trayecto de la aguja.

Aprender en el otro quirófano

— ¿Para qué sirve que un veterinario pase por un hospital de humanos?

Sirve muchísimo. Más allá de que nosotros tenemos nuestros protocolos, abrir e interactuar con otros quirófanos es invaluable. La experiencia es muy enriquecedora para ambos lados.

— ¿Y la simulación llega a la veterinaria?

Se hace, aunque no tenemos el nivel de inversión que tienen ustedes. La Asociación tiene un centro de simulación inmenso que fue muy importante incluso durante la pandemia, cuando trabajamos en conjunto en el sistema de respiradores. En Europa el interés es muy alto, sobre todo porque el trabajo con cadáveres animales está muy restringido. En Inglaterra, directamente no se puede trabajar con cadáveres de perros. Se usan zorros porque están fuera de los programas de protección.

El dilema de los animales que sostienen la ciencia

Gran parte de la farmacología anestésica fue desarrollada experimentando en animales. Otero, que es al mismo tiempo usuario de esa ciencia y protector de sus pacientes, tiene una posición matizada sobre el tema.

— Muchos de los fármacos que usamos en anestesia se desarrollaron experimentando en animales. ¿Qué siente al estar del otro lado?

Creo que la experimentación es una pata fundamental del crecimiento científico. Pero hay normas que optimizan el uso de los recursos, evitan el sufrimiento y aseguran el bienestar animal. Uno de los axiomas fundamentales es el reemplazo: toda vez que sea posible trabajar con una célula en lugar de un individuo multicelular, hay que darle prioridad. Soy crítico del uso indiscriminado. Nuestro trabajo experimental es muy clínico: ensayamos tratamientos después de pasar por etapas con cadáveres. Hace poco rechazamos un protocolo que implicaba sacrificar conejos gestantes para estudiar surfactante. Nos pareció exagerado y desistimos.

Palmira y el contrato con la naturaleza

Fiel a su vocación, el Dr. Otero no solo convive con animales en el trabajo: también tiene mascotas en casa que son parte de su familia. 

— ¿Cómo llegó Palmira?

Un domingo a las seis de la mañana me llamaron para una cesárea de emergencia. Era un amigo, así que fui “de onda” y mi esposa -que también es veterinaria- me acompañó. Era una madrugada de tormenta. Cuando terminamos, mi amigo me dijo que eligiera una cachorra. Yo dije que de ninguna manera. Me subí al auto y mi esposa me dijo que a ella sí le hubiera gustado quedarse con uno de los perritos… y bueno, ahí está Palmira, diez años después. Además tengo una gata que trajo una de mis dos hijas. 

— ¿Tenés un animal favorito?

El perro. Pero el animal que más me impresionó fue la jirafa. La vi en África, en su ambiente natural. Había visto muchas en zoológicos, pero verla libre fue una de las cosas más emocionantes que me pasaron. Tiene algo que te detiene. Y el animal que todavía no ví en persona y me gustaría ver es el dragón de Komodo.

En la semana del Día del Animal la AAARBA celebra también los puentes que existen entre la anestesia de humanos y la veterinaria: dos especialidades que comparten drogas, monitores, dilemas éticos y, sobre todo, el mismo compromiso con el paciente que necesita tratamiento médico. 

Bio Prof. Dr. h. c. Pablo Ezequiel Otero MV, PhD (UBA) (UCM), DACVAA (Hons)

Profesor Regular a Cargo de la Cátedra de Anestesiología y Algiología de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires, Argentina. Av. Chorroarín 280 (C1427CWO), Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.

Títulos y distinciones

•  Médico Veterinario. Facultad de Ciencias Veterinarias, UBA, 8 de febrero de 1988.

•  Doctor de la Universidad de Buenos Aires. Facultad de Ciencias Veterinarias, UBA, 2 de junio de 2009. Calificación: Sobresaliente «Summa Cum Laude».

•  Especialista en Docencia Universitaria. Carrera de Especialista en Educación Superior con orientación en Ciencias Veterinarias y Biológicas. UBA.

•  Doctor en Veterinaria. Universidad Complutense de Madrid, España, 2015. Calificación: Sobresaliente «Summa Cum Laude».

•  Diploma Honorario del American College of Veterinary Anesthesia and Analgesia — DACVAA (Hons). Primer profesional en recibir esta distinción (2025).

•  Doctor Honoris Causa. Universidad Mesoamericana, Córdoba, Veracruz, México (2026).

Cargos y membresías

•  Ex presidente de la Asociación de Anestesia y Analgesia Veterinaria de la República Argentina (AAAVRA).

•  Ex presidente de la Sociedad Latinoamericana de Emergencia y Cuidados Críticos Veterinarios (LAVECCS).

•  Miembro del comité editorial de Veterinary Anaesthesia and Analgesia.

•  Editor Asociado de la revista Frontiers in Veterinary Science.

Producción científica

Más de 130 manuscritos científicos originales revisados por pares y 9 libros sobre Anestesia y Manejo del Dolor. Ha representado a la Universidad de Buenos Aires en 34 países y más de 130 ciudades. Según la base de datos Scopus, el Profesor Otero integró en 2025 la lista del 2% de los científicos más influyentes del mundo.

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