
¿Cuántas versiones de un anestesiólogo entran a un quirófano?
Lo que sentimos no siempre es lo que mostramos. En un quirófano, eso es parte del trabajo.
Afuera podemos ser divertidos, charlatanes, reservados, ansiosos… Pero dentro, ajustamos lo que nos pasa a lo que la situación pide.
Cuando todo está tranquilo, vigilamos sin intervenir innecesariamente, Eso también es una decisión.
Cuando surge una urgencia, hay que pensar rápido, priorizar y decidir. Ahí somos líderes.
Cuando un paciente tiene miedo, escuchamos. Explicamos. Acompañamos. Somos la última persona con la que el paciente habla antes de dormirse.
Con el equipo a veces toca preguntar. Otras, negociar. Y otras, decir con claridad: “Todavía no podemos empezar.” Proteger al paciente también es saber poner un límite.
Cuando algo inesperado ocurre, quienes nos rodean necesitan serenidad. Regular la emoción nos permite seguir pensando. Eso también es inteligencia emocional.
Porque ser anestesiólogo no es solamente saber qué hacer, sino aprender cuándo poner atención en la calma, liderazgo en la urgencia, empatía ante el miedo, firmeza cuando hay que frenar y serenidad frente a lo imprevisto.
¡Feliz Día del Anestesiólogo!
Comisión Directiva




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